miércoles, 16 de febrero de 2011

Madre amamantando: ¿pornografía?

Leslie Power, psicóloga chilena, colocó como foto de su perfil en facebook, la imagen de ella amamantando a su bebé de tres meses. Facebook entonces, el archifamosísimo facebook, las omnipresentes redes sociales que se han convertido hoy por hoy en las protagonistas en muchos aspectos de la vida pública, para bien y para mal, cancelaron la cuenta de Leslie y le comunicaron que había quebrantado una ley que le permite mantenerse activa en la red.

Dicha ley o cláusula dice que nadie puede poner en su página, espacio o dirección, algo que pueda ser ofensivo para la comunidad, ni imágenes de consumo de drogas, de maltrato a alguien, desnudos o pornografía. Palabras más, palabras menos, éstos son los términos.

Escuché con atención la entrevista que hacían a la psicóloga chilena, que se mostraba sumamente ofendida y sin poder comprender las razones de la cancelación de su página. Hay que decir que facebook ya reabrió su cuenta con la advertencia a Leslie de que habían retirado del sitio imágenes y fotografías que pudieran resultar polémicas u ofensivas por contener desnudos.

Leslie pregunta: ¿es obscena la imagen de una madre que amamanta a su bebé?. Asegura que esa fotografía es una imagen "universal" de la maternidad, una imagen que transmite un mensaje de amor, ternura y entrega esenciales para la preservación de la raza humana. Es más, ella intenta con esta imagen en facebook, una campaña en favor de la lactancia materna y de los beneficios que reporta a los niños. ¿Cómo puede ser esta hermosa imagen calificada de obscena o de pronográfica?.

El problema comenzó porque alguien o algunos "denunciaron" la foto, que es término que la red utiliza para que cuando alguien se siente agredido u ofendido por otros, lo manifieste y las autoridades de la red, tomen cartas en el asunto.

Pronto apareció en facebook, una página dedicada exclusivamente a apoyar a Leslie Power y a compartir apasionada y ampliamente, en algunos casos, sus puntos de vista. Todos los comentarios que leí están escritos en español. Aquí hay una pista para empezar a dilucidar las razones del conflicto. ¿Es un asunto cultural?

Así me lo parece; yo también comparto las opiniones muy respetables de Leslie y de todos en la página dedicada a apoyarla. Su fotografía me parece una hermosa imagen de la maternidad, es tierna, no hay nada malo en ella, ni mucho menos para caer en el ofensivo extremo de calificarla de pornográfica. ¿Pero es así para todas las culturas de esta aldea global en la que el mundo se ha convertido a través de las redes sociales?

Parece además una cuestión de valores; éstos cambian, varían, se establecen según la cultura y lo que puede parecerme bien a mí aquí, puede ser lo absolutamente opuesto para las personas de otra sociedad con otra cultura y otros valores. La globalización también nos ha traído el conocimiento de estos elementos delicados presentes en todas las sociedades, y aplaudo que así suceda, porque ese conocimiento nos tendría que ayudar a comunicarnos mejor, a entendernos... finalmente.

Cuando vine a Estados Unidos para el nacimiento de mi primer nieto, fuimos a un restaurante con el bebé que tenía un poco más de un mes de nacido. Cuando llegó el momento de alimentarlo, mi hija, se fue al carro para hacerlo. Pregunté con asombro por qué y ella me explicó que en esta sociedad, no es bien visto que la hermosa labor se lleve a cabo en forma pública. No se desprecia ni se demerita el acto de amamantar, el punto es que debe realizarse en privado.

Y supongo que así puede suceder en muchas otras sociedades de nuestro amplio mundo; en estos días muchos hemos visto con una sonrisa de asombro y extrañeza la forma como los árabes manifiestan profundo desprecio y repudio hacia alguien: lo hacen con sus zapatos en la mano, mostrando la suela de forma amenazadora, y en ocasiones lo lanzan hacia el objeto de su repudio, cosa que también hemos presenciado por televisión. Cuestiones culturales, costumbres, valores, diversidad.

A estas alturas, una reflexión me parece importante; es necesario entender que mi forma de pensar y creeer, mis valores, mis costumbres, no son universales y debemos cultivar y desarrollar una actitud abierta para respetar los de los demás en sus propias concepciones. Y con respecto a las redes sociales, es necesario tenerlo muy presente porque éstas no son locales, esas sí abarcan el ámbito global, todos en cualquier parte del mundo pueden verlo, leerlo, compartirlo y como consecuencia pueden aparecer los "choques culturales", como el del caso que hoy nos ocupa.

Y considerando precisamente esas diferencias culturales, creo también que las autoridades de facebook, no manejaron bien el caso de Leslie, si se hubieran dirigido a ella en términos más respetuosos y elegantes, considerando los sentimientos culturales implicados en el asunto de la fotografía, no la hubieran ofendido con la acusación de foto "pornográfica" o foto de desnudo, entendiendo que la psicóloga chilena y la sociedad latinoamericana en general, aprecian y respetan la imagen de la lactancia materna aún en un espacio público.

Viene maravillosamente al caso la regla de oro que Jesús nos enseñó: "Has con otros como quieres que sea hecho contigo".

jueves, 3 de febrero de 2011

Amigos fugaces


Cuando se viaja se pueden encontrar oportunidades de entablar nuevas relaciones, quizá momentáneas, en tanto dura un vuelo o mientras se espera en un aeropuerto. De este tipo de amistades hay un par que merecen recordarse.

Ibamos en el vuelo de Madrid a Ginebra; al llegar a ésta última ciudad el piloto anunció que no se nos permitiría aterrizar debido a una fuerte nevada. Este anuncio hizo que los pasajeros se inquietaran y surgieran toda clase de comentarios.

A mi lado iba una joven española, muy moderna ella, con altas botas, pantalón de mezclilla y suéter rojo; había permanecido silenciosa y ausente hasta ese momento, pero a raiz del anuncio nos miramos y entramos en animada conversación; la chica resultó sumamente amigable y hasta familiar en su trato.

Vino luego otro anuncio; iríamos a Zurich para después intentar el regreso a Ginebra. Más comentarios, conjeturas, preocupación por parte de quienes venían para realizar citas de trabajo o negocios.

Nuevo anuncio: aunque el avión ya había cargado combustible en Zurich, no sería posible regresar a Ginebra porque el aeropuerto había sido cerrado; tendríamos que desembarcar y una vez hecho esto, se nos indicaría el siguiente paso.

Ya en la sala de Iberia, se anunció que a cada pasajero se le daría un boleto de tren, debíamos buscar las maletas en la sección de equipajes y viajar en tren de regreso a Ginebra, un viaje de unas 4 horas.

Nuestra amigable compañera del avión, se mantuvo a nuestro lado; mi esposo fue al mostrador frente al cual se amontonaban los pasajeros para recibir los boletos prometidos, yo me quedaría cuidando las maletas y él le ofreció a ella conseguir su boleto si quería darle su comprobante de vuelo. Ella mientras tanto decidió ir a buscar sandwiches y bebidas que ofrecían a los pasajeros "en desgracia".

Pronto regresó trayendo uno para mí y otro para mi esposo; cuando le pregunté por el suyo me dijo que recibió el último que quedaba y se lo había cedido a un chico, también pasajero, que aún no había recibido nada. Insistí en que compartiera conmigo el que trajo para mí.
Nos dirigimos después a buscar los equipajes, y siguió con nosotros, era una joven que hacía amistad con la gente con gran facilidad; en un momento había entablado animada conversación con otro joven español que se acercó, y así éramos ya cuatro en busca del camino a la estación de tren, pero antes debíamos tomar allí en el aeropuerto otro que nos llevaría hasta allá.

Una vez en el vagón de este primer tren nuestra amiga se preocupaba de encontrar un lugar para nosotros, de ayudarnos a acomodar nuestras maletas junto a la suya, siempre atenta, alegre y conversadora.

Hago aquí un paréntesis para recordar a una mujer latinoamericana que noté en el tren. Me llamó la atención su aspecto anímico, su semblante. Me pareció la viva imagen de la desolación, la tristeza y la amargura. Se veía deprimida o cansada; estaba sentada frente a mí en un vagón bastante lleno de gente y equipajes. Todos pasaban a su lado sin notarla, me hubiera gustado hablarle... busqué su mirada un par de veces, pero ella me devolvió una mirada fría como si quisiera advertir: no quiero, no me interesa hablar con desconocidos.

Pronto llegamos a nuestro destino en la estación. No volvía a verla; eran como las 11 de la noche.¿Qué drama abrumaba el corazón de esta mujer que parecía tan abatida, estaría sola en un país que podría serle muy hostil, por tantas razones?... pensé en los sufrimientos de los migrantes de todas partes del mundo. ¡Dios mío, nada pude darle!

Los caminos de la estación desembocaron en una inmensa plaza helada con inmensas carteleras colocadas estratégicamente en alto en los cuales se registraban muchos destinos y horarios. Seguimos viendo por allí a algunos de nuestros compañeros de viaje tan desorientados como nosotros, tratando de encontrar cuál sería el tren que nos llevaría a Ginebra. La estación me parecía una enorme "Babel", se oían muchos idiomas, inglés, alemán, portugués, español, francés y más.

La intemperie y lo helado de la noche trajeron a mi memoria las escenas tantas veces vistas en las películas de la segunda guerra mundial.
Estuvimos esperando el tren por cerca de hora y media; todos empezamos a hurgar los maletines tratando de encontrar algo abrigado que echarnos encima de lo que ya teníamos. A un lado de la plaza había un hermoso árbol de navidad, blanco, pero este detalle lo hacía armonizar con el gélido ambiente y no me suscitó los gratos sentimientos que en otra circunstancia me hubiera despertado.

Cristina, que era el nombre de nuestra amiga, continuaba a nuestro lado; su improvisado amigo se distrajo con otro grupo y ella pronto encontró otro, esta vez un joven suizo, algo tímido y callado, aquel a quien ella le había cedido su sandwich en el aeropuerto.

Cuando llegó por fin el tren, subimos, acomodamos las maletas y buscamos asientos; Chris, como le gustaba que la llamaran, siempre estuvo pendiente de nosotros, nos preguntó si estábamos cómodos, si nos sentíamos bien, si las maletas estaban seguras, todo esto antes de darse a la tarea de hablar por su móvil, como le dicen los españoles al teléfono celular.

Ella se bajaría una estación antes que nosotros, pero al despedirse efusivamente como si hubiéramos sido antiguos conocidos, nos dio un papelito con su dirección en España. Fue siempre cariñosa y amable y el par de amigos que se atrajo por momentos nos fueron de mucha ayuda en aquella "Babel" y evitó que nos sintiéramos solos.

Yo pensaría que no volveremos a verla... pero... ¡quién sabe!

lunes, 31 de enero de 2011

Angeles del camino


Frente a la perspectiva de un viaje siempre tengo sentimientos encontrados: el deseo de permanecer y el interés por conocer lugares de los cuales he leído algo de su historia y su literatura.

El sur de España ha tenido siempre en mi mente un particular encanto, así que tengo inmensa gratitud para con Dios por la oportuidad de esta visita; lo que ví superó por mucho todas mis expectativas. No me considero en capacidad de describir los maravillosos palacios árabes de Granada, Sevilla y Córdoba; la gracia y suprema fragilidad y belleza del arte morisco, me dejaron sin aliento, no tengo palabras para ponderar tanta belleza.

Toda esa maravilla me hizo pensar en lo frágil y pasajero del poder, la fortuna y las riquezas. Pero no quiero dejar de registrar algunos recuerdos y reflexiones que fueron también de gran valor para mí en este viaje y es que encontramos también algunos "ángeles", los llamo así porque lo fueron en verdad para nosotros dada la circunstancia, el cansancio, la necesidad del momento.

Una noche en Sevilla, nos había costado mucho encontrar un lugar abierto para cenar, no nos acostumbrábamos al horario de la comida en España, así pues, salimos después de las 8 de la noche buscando un restaurante. Las calles estaban desiertas tal vez por el frío y teníamos un poco de aprehensión pero la poca gente que transitaba, parejas, jóvenes, personas mayores, se veían confiados y disfrutando del paseo nocturno.

Cenamos por fin en un bonito lugar y caminamos para emprender el regreso al estacionamiento donde habíamos dejado nuestro "coche", como dicen los españoles y de ahí al hotel donde pasaríamos la noche.

El desconocimiento de una ciudad y la noche, hacen muy difícil encontrar el camino correcto, aún con un mapa en la mano. Eran como las 11, había poca gente en las calles; nos detuvimos en una esquina y mi marido se bajó del carro para buscar orientación. Un hombre apareció vestido de manera muy peculiar, con algo como un pantalón de bombero y una camisa larga, todo de color claro, su hablar también era peculiar.

El hombre pareció gran conocedor de la ciudad, le indicó de manera muy sencilla y clara el camino a tomar y le insistió varias veces: "al llegar al obelisco no suba el puente, recuerde, no suba el puente, tome a la derecha". Sus indicaciones nos llevaron directa y rápidamente a nuestro destino, nunca lo hubiéramos hecho sin su ayuda.

Ignoramos de qué peligros nos libramos, pero estábamos muy cansados y nos sentimos muy bendecidos y llenos de gratitud a nuestro Dios
por este "ángel" del camino.

Llegamos a Ginebra en medio de una tormenta de nieve, el avión en que viajábamos fue desviado a una ciudad a cuatro horas en tren de este destino; viajamos desde allí hasta Ginebra como a las 4 de la madrugada y pasamos otras seis horas en el aeropuerto, porque no podíamos encontrar un taxista que quisiera llevarnos al colegio de Colonge en Francia y los que estaban en el colegio no podía bajar a buscarnos por causa de la nieve. En el aeropuerto, nadie quería arriesgarse por los estrechos caminos rurales.

Por fin como a las nueve de la mañana un portugués aceptó llevarnos pero sólo hasta la frontera con Francia a unos 15 minutos del aeropuerto pues de ahí en adelante el camino era en ascenso bastante empinado y por un camino angosto. Una vez en la frontera había que llamar de nuevo al colegio para avisar que ya estábamos allí y que podían venir a buscarnos... no encontrábamos un teléfono público, no hablábamos francés.

Caminamos unas cuantas cuadras por entre la nieve arrastrando nuestras maletas por el pueblecito de Colonge; me quedé en una pequeña cafetería con ellas, mientras mi marido salió para buscar afanosamente cómo comunicarse con alguien en el colegio. Volvió para decirme que no encontraba un teléfono, la joven vendedora nos dijo que la dueña no le permitía prestar el suyo..

Salimos de allí siempre arrastrando las incómodas maletas y nos ubicamos en una esquina tratando de no obstruir las vitrinas de un local comercial; hacía mucho frío y nevaba. Mi marido volvió a la búsqueda del anhelado teléfono que esta vez encontró pero que no pudo usar por no entender las instrucciones en francés. Cerca de allí, un hombre trabajaba limpiando la nieve de las aceras; mi esposo le preguntó un poco en inglés, un poco a señas sobre el uso del teléfono, pero no podían entenderse el uno al otro por la infranqueable barrera del idioma.

Como pudo trató de explicarle que íbamos al "Colegio Adventiste du Salev" y entonces.... se hizo la luz. "Yo soy adventista" dijo el joven, sacó su propio celular y llamó, pero nadie contestaba. Mi esposo entonces decidió bajar de nuevo unas cuadras hasta la frontera y usar allí un teléfono que por estar en Suiza quizás sería como los que había usado en el aeropuerto.

Cuando regresaba sin haber podido comunicarse, el joven francés intentaba de nuevo, alguien contestaba por fin, y vino para ofrecerme su teléfono; esta vez pudimos comunicarnos con una persona que hablaba inglés; alguien vendría a buscarnos en una hora. Nuestro nuevo e improvisado amigo dio las indicaciones respecto al lugar donde estábamos, nos señaló una cafetería al otro lado de la callle para refugiarnos y nos ayudó a llevar las maletas por entre la nieve hasta ubicarnos dentro del lugar tibio y más acogedor que la gélida y desamparada calle.

Este hombre fue el segundo "angel" de nuestro viaje. ¡Dios lo bendiga por su bondad con nosotros! Nos consoló y nos alegró el corazón; nos reconcilió con nuestros semejantes. Nos había parecido que nadie en ese lugar era amigable... ¡Todos parecían tan indiferentes!.

Una tarde en Ginebra


Estamos ahora en Francia, muy cerca de Suiza, a sólo 15 minutos de Ginebra. Nuestra estadía aquí obedecía a asuntos del trabajo de mi esposo, así que no disponíamos precisamente de tiempo para el turismo. Así pues, el sábado en la tarde nos dispusimos a dar un paseo por la ciudad.

Lo primero en observar son las callecitas estrechas y los edificios antiguos; supongo que estos escenarios se repiten por toda Europa... la historia que se remonta a la época medieval y más atrás. La ciudad de Ginebra fue uno de los baluartes de la reforma protestante, la ciudad de Calvino.

El ambiente de la ciudad es alegre y bullicioso, mucha gente en las calles, restaurantes colmados de comensales; un evento deportivo se celebraba esa tarde y las calles estaban llenas de observadores apoyando a los participantes en una carrera por las estrechas callejuelas, grupos de músicos amenizaban el ambiente a pesar el intenso frío.

Ginebra es una ciudad elegante; las vitrinas de lujosas tiendas exhiben ropa y accesorios de marcas exclusivas, la mayoría exhibe joyería y relojería muy fina y de altos precios, la gente en las calles luce también muy elegante, se oyen varios idiomas, francés, alemán, portugués, inglés. Una sociedad rica y secular pero no me pareció muy cálida, supongo que por las naturales barreras que el idioma y alguna otra circunstancia imponen.

Visitamos el museo de la reforma, y la catedral donde predicó Calvino el gran reformador, lugares interesantes sin duda, especialmente para los interesados en la historia religiosa y la teología. En particular me resultan difíciles esos registros y recuerdos de total intoleracia y crueldad por parte de uno y otro bando ya que los protestantes que habían sufrido la grave persecución de la iglesia católica, la aplicaban a su vez a quienes no creían como ellos; una época terrible.

martes, 25 de enero de 2011

"El Caballo Rojo"


Advertidos ya por las experiencias de los días pasados, con respecto a que no deberíamos pasar de las tres de la tarde para encontrar un lugar para comer, nos dispusimos a eso de las dos a encontrar un lugar para tal fin.

Me llamó la atención lo que pensé sería un "patio andaluz", pequeña estancia llena de flores sembradas en el piso y en macetas, paredes y piso decoradas con baldosas rojas, amarillas o azules, una pequeña fuente en el centro y arcos en las entradas; evidente influencia árabe.

Además de ser efectivamente un "patio andaluz", era la entrada a un restaurante en la zona histórica de Córdoba, muy cerca de la famosa Mezquita Catedral: "El caballo rojo". Nos adentramos por el pasillo y llegamos a la entrada de un comedor pequeño con un amplio bar, preguntamos si podríamos comer y un amable asistente nos condujo a otro piso, por elegantes escaleras de madera, en espiral.

Apareció entonces el verdadero comedor, dividido en pequeños espacios encantadores separados por preciosos enrejados adornados con enredaderas verdes; un ambiente muy andaluz.

Un atento español se acercó para ofrecernos el variadísimo menú: comida de tradición mozárabe sefardí, comida típica de Córdoba, de otras regiones de España, pescados, aves, caza y mucho más.

A veces, estando en un país extraño es difícíl elegir un plato guiados por su nombre, ya que éste, no nos sugiere en absoluto de lo que se trata; un amable mesero nos ayudó bastante describiendo el plato que le indicábamos. Mi esposo pidió un "lomo de bacalao a la canela", y yo pedí "rabos de toro", especialidad de la cocina cordobeza, y como aperitivo nos trajeron unas "tortillitas de San José".

En España es costumbre cierta que se come y adereza todo con un buen vino, no preguntan si se desea, sólo lo sirven, si se les dice que no, entonces retiran de inmediato las copas para el vino y traen agua en su lugar.

Las expectativas sobre los platos elegidos fueron totalmente superadas; los sabores, del todo exquisitos; de vez en cuando se acercaba el mesero para preguntar cortesmente "¿os ha gustao? ¿estáis satisfechos?"

Los españoles tienen gran estilo a la hora de atender a sus huéspedes, lo hacen con elegancia y dignidad y llama la atención que la propina no parece asunto de su interés, es como si su dignidad no se los permitiera, como si finalmente desearan atender por el gusto y el refinamiento de servir al cliente, sin esperar por ello mayor recompensa. Por supuesto, esto no quiere decir que no haya que dejar propina, pero es la impresión que uno recibe de ellos.

Pero, olvidé describir los platos: el "bacalao a la canela", era un filete a la plancha con cebollitas caramelizadas encima, y dos rajas de canela puestas con gracia sobre el plato, servido además sobre una exquisita salsa clara y ligera. El sabor... exquisito, perfecto equilibrio de sabores. Un plato delicado.

"El rabo de toro", delicioso; un plato fuerte en verdad, bien condimentado, con las especias de la tradición árabe,, servido en su propia salsa con "patatas fritas". Buenísimo... pero no pude volver a comer nada más hasta el almuerzo del día siguiente.

Me habría encantado pasar más tiempo en Córdoba y probar otros platos del exquisito menú de "el caballo rojo".

lunes, 17 de enero de 2011

Casa de la Memoria



En las maravillosas ciudades de Sevilla, Granada, Toledo, Córdoba y seguramente también en otras ciudades españolas, se encuentra "la judería".

La expresión misma suena despectiva; Borges hace alusión a ellos con el mismo nombre en su poema "El Golem" "... sabemos que hubo un día en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre en las vigilias de la judería..."

Visitamos uno de estos barrios en Córdoba. Estrechas callejuelas entre blancos muros, balcones con geranios florecidos que contrastan maravillosamente con lo blanco de sus paredes; todo el barrio es blanco, no sé si es igual en la judería de otras ciudades.

En este barrio de Córdoba, encontramos un monumento a Maimónides, célebre sabio judío de la edad media y un pequeño museo llamado "Casa de la Memoria". Los judíos tienen sin duda mucho que recordar; desde los tiempos bíblicos se cuentan sus dispersiones y el peligro de ser exterminados.

El museo, o Casa de la Memoria guarda algunos datos históricos de los judíos en "Sefard" (España) . Vinieron a estas tierras españolas durante la edad media y allí quisieron establecerse y vivir en paz, pero al parecer la paz es un tesoro que al pueblo judío le está negada. El museo es precisamente un testimonio de la fiera persecusión de que fueron objeto en los terribles tiempos de la inquisición.

Trajeron a estas tierras su religión, sus tradiciones, sus costumbres, pero debido a la constante vigilancia que ejercían sobre ellos sus perseguidores, muchos por conservar sus vidas fueron abandonando, al menos en forma pública, la religión de sus antepasados. La inquisición decretó leyes contra los judíos, fueron despojados de sus posesiones, hubo conversiones forzadas al catolicismo por todas partes, dejaron de guardar el ¨Sabath ¨ trabajando afanosamente en él con el fin de convencer a sus vecinos de que su conversión era real.

Después, debían probar los desdichados, que no tenían ninguna relación de sangre con sus antepasados judíos pues hasta eso se convirtió en delito y la mas leve sugerencia arrojada sobre alguien era grave motivo de investigación por parte de la inquisición; esto último motivó otra forma de saqueo al pueblo judío; debían pagar fuertes sumas de dinero a abogados que ejercían chantajes sobre ellos, y eran despojados.

Así fueron perdiendo los judíos de Sefard, su esencia, sus nombres, apellidos, costumbres y religión para tratar de conservar la vida. Los registros que leímos en el museo, dicen que algunos de ellos practicaban su religión en secreto, pero a fuerza de ocultarlo, fueron olvidando las fechas y el significado de sus festividades religiosas, y los judíos que hacían esto, eran a su vez rechazados por las comunidades que se mantenían fieles en otros lugares.

¿Debieron mantenerse fieles y arrostrar la muerte? Muchos se fueron, huyeron a lugares más propicios, ¿cómo juzgarlos?. Washington Irwing registra un hermoso pensamiento en relación con el último rey moro al abandonar Granada: "¡ Qué difícil resulta comprender que la vida misma tiene más valor para el infortunado, cuando nada le queda sino ella! ". Estas palabras vienen a mi memoria pensando en los judíos en "Sefard". Las situaciones extremas, creo yo, han de abordarse con suma compasión cuando es otro el que las padece; pero vienen a mí también en este momento otras reflexiones. Dios ha puesto "eternidad en el corazón de los hombres", ¿qué es la vida entonces para el que tiene la certeza de que ésta, es sólo un instante breve que se va "como sombra que declina", para el que sabe que perder la vida es ganarla?.

La Casa de la Memoria no se nos presenta como uno de esos imponentes museos tan comunes en Europa; es pequeño, está ubicado en una casa antigua, oscura, frágil, silenciosa... sin muchos visitantes interesados en lo que guarda. Es como si aún quisieran los judíos en "Sefard" permanecer anónimos, ignorados, para no atraer sobre sí la animadversión que les ha perseguido a través de los siglos.

domingo, 16 de enero de 2011

Los Andaluces



Sería una pretensión muy grande decir que los conozco y que puedo describirlos; éstas son tan sólo impresiones, vagas anotaciones de la memoria que en esta época de mi vida es tan poco confiable, pero por la misma razón también, quiero escribirlas.

Los andaluces, parecen muy alegres; como característica notable, siempre están hablando, en pequeños grupos, en grandes, en todas partes, siempre hablando y en voz alta. En Sevilla los vimos; salen en parejas, pasean en familia, caminan por esas hermosas zonas turísticas muy elegantes, las mujeres más jóvenes con las imprescindibles botas de invierno. Cuando las personas o parejas que caminan se detienen en algún parque o plaza, los hombres se agrupan a un lado y las mujeres al otro, supongo que en esas ocasiones se disfruta más con la complicidad del género; hablan, cuentan chistes, chismes, y ríen a grandes voces. La alegría del ambiente es en general, contagiosa.

El andaluz tiene un particular acento y una peculiar manera de pronunciar algunas letras, algo parecido a como lo hacen las personas que habitan las costas del Caribe: la ¨s¨ puede convertirse en ¨j¨, la ´r¨en ¨l¨y omiten la última letra de algunas palabras. A mí, me sonaba sumamente simpático y amigable.

Ví, a la salida del parque de Murillo un par de amigos de mediana edad, y alcancé a oir lo que le decía uno de ellos al otro: ¨lo que tienej
tú que mirá ej el glamú, el glamú ej lo importante¨. A un joven en una esquina le preguntamos por la direccion de El Alcázar y nos dijo con toda solicitud; ¨Ejtá a la ejparda de la catedrá, no lo olvidéi, a la ejparda¨. Siempre se muestran atentos con las preguntas del turista... deben estar muy acostumbrados a ellos.

Los españoles en general, son de mediana estatura, barba cerrada, tez blanca, cabello oscuro, pero en muchos andaluces, es evidente la herencia árabe; son de tez más trigueña, ojos y cabellos muy oscuros, y de carácter indicutiblemente alegre; los vimos salir de la catedral el domingo en Sevilla, como dije ya, luciendo sus mejores galas. Si los amigos se encuentran, se gritan desde el otro lado de la calle y a la alegre gritería se van uniendo otros en animado jolgorio; son muy ruidosos.

Se dice que los españoles se acuestan muy tarde y se levantan tarde también; el desayuno nunca es antes de las 9 de la mañana, el almuerzo entre las dos y tres de la tarde y la cena, después de las ocho de la noche; más tarde vienen las copas, el cante, el tablao flamenco, la fiesta, rociado todo con buen vino y abundante manzanilla. Caminando por un callejoncito como a las 11 de la noche, una chica ¨muy guapa¨ frente a un pequeño bar, nos sale al paso y alegremente nos pregunta: ¿vais a tomar unas copitas?.

Las muchachas andaluzas son bonitas, altas y delgadas, visten mucho de falda y la complementan con altas botas, medias de invierno, abrigos y bufandas ostentosas, con claras influencias del estilo gitano.

En esta hermosa tierra de olivares, de aceite de olivas y de naranjos, lo que más se siente es la presencia de las antiguas culturas que la poblaron, muy especialmente la de los moros; no ví muchos gitanos, solamente una por los alrededores de la Alhambra nos siguió con una ramita de romero, quería dármela, pero mi esposo le dio una moneda y le dijo que no, a lo cual ella desilusionada dijo a nuestras espaldas: ¨Pero hombre... déjala que la reciba, que el romero le va a da.. buena suerte ¨. Supimos que hay barrios de gitanos en casi todas estas ciudades del sur, pero no los visitamos.

Es conocida también la despreocupada e irreverente forma en que los españoles se refieren a los símbolos religiosos; oímos a un español decir a otro con motivo de una gran nevada en Ginebra: ¨Hombre... que en Ginebra están cayendo ostias, y nos han desviao a Zurich ¨.

En fin, que son un pueblo alegre, de carácter fuerte, orgulloso de su pasado y de sus reliquias, que quiere mirar con optimismo el futuro.

martes, 11 de enero de 2011

Los palacios nazaríes


Después de viajar por horas y contemplar a lado y lado de la autopista inmensos bosques de olivares, vamos llegando a la ciudad de Granada; el paisaje no cambia mucho, olivares y olivares es todo lo que abarca la vista y a medida que nos acercamos a Granada, van apareciendo las montañas altas, nevadas, imponentes; de vez en cuando el paisaje se ilumina con la visión de una ciudad en lo más alto de una colina, aparece luego la ciudad de Jaén, grande, llena de historia.

Por tramos aparece bajo los olivares una tierra que parece como polvo de oro, hasta que a lo lejos se divisa la ciudad de Granada, cantada por poetas y en hermosas canciones. El sur de España tiene gran encanto debido a las culturas que antiguamente poblaron sus ciudades, esta tierra ha sido romana, bizantina, mora, judía y católica; en particular, en la ciudad de Granada se encuentran los maravillosos palacios nazaríes.

La Alhambra era nuestro principal objetivo en esta visita; era viernes y tendrìamos que encontrar a una persona a la entrada del palacio con los boletos que había que comprar desde el día anterior porque sólo cierto número de personas al día pueden entrar a la visita. No es asunto fácil entrar a una ciudad totalmente desconocida y tratar de encontrar una dirección, ni siquiera con un mapa, pero finalmente llegamos; a lo lejos vimos la Sierra Nevada envuelta entre nubosos velos.

Los palacios están ubicados en un terreno escarpado y mientras subíamos observábamos el paisaje abajo en el valle; a pesar de que era otoño, había muchos turistas, hacía frío y las nubes bajas presagiaban lluvia.

Nos dimos a la aventura de tratar de encontrar a la persona que nos entregaría los boletos; dimos algunas vueltas frente a la entrada de la Alhambra, ubicada siempre entre jardines y arboledas, y a nuestras espaldas una agradable voz femenina: ¨¿buscáis a alguien con unos boletos?. Así conocimos a esta amable andaluza, con toda la herencia de los moros en su cabello oscuro, sus negros ojos y su piel morena. Era la pastora de la iglesia que visitamos el sábado y a la que la vimos desempeñarse de manera cálida y maternal.

Entramos a la Alhambra, algo desprevenidos, sin mucha información y caminando hacia donde la intuición o el sentido de orientación de mi marido nos indicara. Amplias avenidas flanquedas por altos pinos nos condujeron a los maravillosos jardines del Generalife. Estos fueron los palacios de verano de los sultanes, y la verdad es que no me siento en condiciones de describir todo esto. La belleza del lugar, sus estancias, los rumores de agua, los ¨naranjos encendidos¨, los rosales en flor, todo el arte moro con sus arcos y sus patios luminosos, y sus fuentes cantarinas, todo allí es la evocación del paraíso soñado por los árabes.

Me he sentido conmovida por tanta belleza, cada ventana a medida que se asciende a lo alto del palacio da a un espléndido y sereno paisaje, a algún secreto patiecito con surtidor de agua y jardín encantador; el ambiente invita a la relajación, a la paz y al total disfrute de la naturaleza. Es evidente que los sultanes moros amaban el agua, las flores, los amplios espacios a cielo abierto y en sumo grado, la belleza impresa en los decorados increíbles de las paredes de sus palacios, en sus techos artesonados y sus arcos; hasta su artística escritura está compuesta por bellísimos caracteres, para escribir los cuales pareciera ser necesario mucho talento como dibujante.

Más abajo se ve el palacio de la Alhambra, otra maravilla hacia la cual nos dirijimos después de descender por las escaleras en medio del hermosísimo bosque y entre el rumor claro y relajante del agua que baja por los canales a los lados del camino. Antes de llegar a los palacios nazaríes llenos de encanto y de leyenda, hay que pasar por una pequeña iglesia católica y por el palacio de Carlos v para cuya construcción fue destruído parte de los maravillosos palacios nazaríes. El palacio del rey Carlos v, impresiona por su tamaño, su amplia plaza y sus columnas romanas de mármol rosa, pero después de ver el increíble arte de los moros, ya parece que nada asombra ni impresiona.

Estos palacios nazaríes, son de una belleza sobrecogedora, los decorados de sus techos y paredes me parecen como finísimos trabajos de encaje labrado en la piedra, en el mármol, en la madera. Así visitamos uno de las más hermosas estancias, la sala del trono, indescriptible lugar, y el patio de los leones donde se dice fueron degollados los valientes abencerrajes, la sala de las doncellas, las habitaciones donde se dice que estuvo Washington Irwin el famoso escritor de ´Cuentos de la Alhambra¨ obra igualmente encantadora, y de obligada lectura, antes o después de visitar la Alhambra. Desde sus ventanas se observa el barrio llamado ¨Albaicín¨ de estrechas callejuelas y al lado del cual se encuentra el palacio de la madre de Boabdil, último rey moro.

Terminamos nuestra visita y salimos de allí con el alma abrumada de belleza y gratitud, impresionados, conmovidos por lo que habíamos visto, y bastante empapados por una lluvia suave pero persistente que nos acompañó a lo largo de esa tarde memorable.

"...gratos los finos laberintos del agua entre los limoneros"...
Borges

lunes, 10 de enero de 2011

El paso por La Mancha.



Poco después de salir de Madrid, el paisaje algo escarpado de áridas colinas se extiende por algunas horas después de las cuales se llega a unas inmensas planicies que se extienden hasta el horizonte a un lado y otro de la autopista. Estas enormes llanuras están sembradas en algunos tramos con algo de verdor y olivares.

De pronto aparece un gran letrero que dice :¨La Mancha¨... entonces, todo se vuelve mágico, desaparece la monotonía, vienen a mi mente los imprescindibles don Quijote, el ingenioso hidalgo, y su ocurrente y fiel escudero, Sancho Panza. Más adelante aparecen los ilustres caminantes a lo lejos en una escultura, y parece como si aún recorrieran los viejos caminos.

Es emocionante, vienen a mi mente las palabras... ¨En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme¨... El sentimiento es de inmensa ternura hacia estos entrañables personajes que entretuvieron mis horas en la infancia y en la juventud, porque los leí primero en fragmentos que aparecían en los libros escolares de lectura, y años después la obra completa.

En algún lugar del camino vi un letrero que ofrecía guía para recorrer algunas de las rutas de los famosos don Quijote y su escudero; se observan pequeñas casas vetustas, algunas grandes, en las que imaginaba las posadas en las que el valiente soñador tuvo tan señalados y temibles encuentros.

Más adelante, un restaurante se anunciaba con otro nombre ilustre: Dulcinea, la hermosa dama del ¨desfacedor de entuertos¨ , y ¡Oh maravilla! a lo lejos divisamos tres maravillosos molinos de viento, tal como los recordaba en las ilustraciones de los libros que poblaron mi infancia, con sus aspas inmóviles como esperando el viento o el ataque del arrojado caballero de la ¨triste figura¨. Estaban en lo alto de una pequeña colina, los miré perderse a lo lejos con los ojos llenos de lágrimas; me conmovieron profundamente.

Cuando regresábamos por el mismo camino, volvimos a verlos y volví a emocionarme como la vez anterior. ¡Dios mío, es un maravilloso regalo! Nunca pensé ver estos lugares tan desconocidos y lejanos pero tan amados como un acariciado y secreto sueño guardado mucho tiempo en los recónditos e íntimos espacios del corazón.

Y el paso por la Mancha fue sólo una sorpresa del camino, ignorábamos que pasaríamos por ella y aunque fue nada más que un vistazo a lado y lado de la autopista, la siento como una visita muy grata porque lo que vi y los sentimientos que despertó me transportaron a tiempos lejanos y me conmovieron hondamente, fue como haber visitado a unos viejos y queridos amigos.

miércoles, 5 de enero de 2011

Madrid. Segunda jornada


Y el tema del pasado es siempre recurrente al visitar Europa; pareciera que todo comenzó aquí, al menos en cuanto tiene que ver con América.

Esta fue una jornada en la que creo que me excedí; caminamos hasta que no podía dar un paso mås, debo recordar más seguido que son ya 60 años de "caminar" y hay que andar con más cuidado... un tropiezo podría ser muy grave. ¡ja! Sentirse viejo no es siempre un asunto amable.

Madrid, nuestro segundo día en España; los españoles parecen simpáticos, al menos esntre ellos. Siempre están hablando y entre "vale" y "venga" la ciudad aparece alegre y concurridísima.

Hace mucho frío y me llama la atención la forma de vestir de las mujeres; usan mucho más la falda que en América y avanzan con garbo y elegancia por el invierno... en fin, que la juventud es hermosa y aquí todos y todas lucen magníficos.

Me llama la atención también que no se ven los niveles de obesidad que se observan en América; en primer lugar, las porciones de comida que sirven en los restaurantes son casi frugales, porciones pequeñas y la famosa dieta mediterránea, parece que funciona, aunque también es cierto que la gente fuma mucho y me parece que las mujeres aún más que los hombres.

Las grandes catedrales, y las pequeñas también, cargadas de historia y obras de arte, están convertidas en museos razón por la cual no es tan expedita la entrada, en casi todas hay que pagar para poder entrar .

La ciudad de Madrid está cargada de monumentos, hermosísimos todos; maravillosa "la puerta de Alcalá". El palacio Real, monumental como todos esperaríamos, pero a mi juicio muy descuidado, deslucido, con las paredes sucias y las ventanas desvencijadas; esto sólo puede apreciarse de cerca, pero las fotos salen magníficas, no captan estos detalles, supongo que estará en proceso de restauración pronto; lo necesita con urgencia.

Dije que admiré la puerta de Alcalá, pero el monumento que me conmovió el alma fue el de Don Quijote y Sancho Panza en el parque de
España; ahhh, verlo fue para mí una invitación a echar a volar la imaginación, a volver al pasado, a una infancia y una adolescencia despreocupada y feliz; la escultura está magníficamente lograda; don Quijote luce una mirada y una expresión de desquiciado encantadora y Sancho Panza exhibe un aire de confiada y serena ilusión.

Regresábamos ya para descansar, y en una callejuela el nombre de una peluquería llama poderosamente mi atención: "¡Juan, por Dios!".
La expresión aunque por supuesto irreverente, me pareció absolutamente divertida y cargada de significado. En Sevilla, mientras buscábamos un restaurante nos acercamos para leer más acerca de un curioso anuncio: ¨Centro de Restauración¨ Debajo de este anuncio, en letras más pequeñas estaba un extenso menú. Si, se trataba de un restaurante, jaja, no en vano la palabra restaurante viene de ¨restaurar¨. Al menos esa fue nuestra conclusión.

lunes, 3 de enero de 2011

Pequeñas crónicas de un viaje. Toledo


Maravillosa ciudad cargada de siglos, de historia y de leyendas. Todo en ella provoca reminiscencias, sus estrechas callejuelas entre altos muros de antiguas construcciones respiran el pasado, el tiempo se detiene entre calles y plazas. Todo tiene aquí el encanto de lo antiguo,el misterio de lo que testigos mudos callan para siempre; flotan en el aire la historia, las leyendas, los entrañables personajes de la literatura: El Cid Campeador, los legendarios caballeros que emprendieron las Cruzadas, los Templarios, los de la Mesa Redonda, el rey Arturo y tantos más.

Toledo, famosa por la forja del acero más fuerte del mundo, se enorgullece de sus espadas, cuchillos, armaduras, réplicas grandes y pequeñas de escenas de la literatura y de la tradición; sus altos balcones ostentan, ahora con fines comerciales, los emblemas de un pasado medieval que evoca doncellas y valientes caballeros.

Encantadoras placitas salen al paso de los estrechos callejones, los pequeños restaurantes son una invitación al disfrute de las famosas tapas españolas; son lugares pequeños, el poco espacio los hace muy íntimos y acogedores. Al llegar a la zona comercial de centro histórico, las vitrinas ubicadas en tan antiguas construcciones lucen un aspecto tan contrastante e insólito que sorprende al desprevenido turista, tan pronto aparecen las artesanías propias de Toledo, las espadas y las armaduras, como aparece ropa de las más famosas marcas, en sofisticada presentación de elegantes maniquíes y costosos accesorios.

Más allá está el barrio de la judería, no pudimos visitarlo en esta ciudad, pero la destacada presencia de las culturas judía, mora y cristiana está presente en la totalidad del paisaje urbano, y la influencia de estos antiguos pueblos se extiende hasta su rica tradición gastronómica; se pueden ver pequeños negocios que lucen la delicada repostería que enorgullece la tradición de las monjas conventuales. El vino, el jamón, el chorizo, los quesos, el aceite de olivas, las mezclas de aceitunas maceradas y los dulces hacen presencia en las abigarradas vitrinas, todo en un ambiente encantador y alegre que nos traslada al pasado, ilusión que se rompe momentáneamente al paso de uno de esos autos pequeñitos tan comunes en Europa y tan imprescindibles dadas las estrechas callejuelas empedradas.

¡Cuántos cambios a lo largo de los siglos en estos maravillosos escenarios! Cambio de personajes, de circunstancias, de intereses, de conflictos, de gobiernos, de cosmovisión, de culturas: judíos, moros y cristianos... la inquisición... el pasado envuelto en la bruma de los siglos, mientras sus habitantes de hoy observan el incesante trajinar de los turistas por sus calles y sus edificaciones donde el tiempo parece detenido.

De nuevo recuerdo la frase de García Márquez "La vida no es lo que uno vivió sino lo que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". Es decir, la realidad es diferente para cada testigo, cada uno observa desde se su muy personal perspectiva y relata no tanto lo que vio, sino cómo lo vio.

Maravillosa ciudad de Toledo, me hizo recordar la ciudad de Zacatecas y su encantador Centro Histórico; se trata en todo caso de lo mismo: el pasado, un pasado cuya memoria no queremos que desaparezca por lo mucho que tiene para enseñar a las nuevas generaciones.

martes, 2 de noviembre de 2010

Infancia

Siempre me ha parecido que los niños son absolutamente interesantes y encantadores. Cada edad tiene su encanto, y también sus particulares retos para los padres.

Ahora que soy abuela y que constantemente reflexiono sobre el pasado, pienso que las madres no nos damos tiempo para disfrutar el encanto de cada etapa en la vida de nuestros niños, nos dejamos abrumar por la ansiedad y el estrés cotidiano, por las preocupaciones acerca de su futuro, por todo lo que no es el presente, que es al que realmente hay que darle la oportunidad, porque es lo único que nos pertenece.

Lo más triste es que cada etapa en la vida de un niño es muy breve, demasiado breve e irrepetible, lo que pasó queda en el tiempo y ya no habrá posibilidad de recuperarlo ni siquiera en la memoria que se vuelve borrosa y oscura con el tiempo.

Cuando escucho fascinada las preciosas ocurrencias de mi nietecita de tres años, y las agudezas de mi nieto más grande, pienso que hubiera sido un tesoro tener grabaciones de las primeras palabras y frases de mis hijos cuando eran pequeños, más fotografías, ropitas que les pertenecieron, algún juguete favorito, hojas con sus primeras letras, libros y otros valiosos recuerdos.

Si volviera a ser madre ahora que soy abuela y puedo valorar mejor el tiempo que se pasa con los niños, creo que me esforzaría por ser mucho menos estricta, tomaría con mucho más humor las repentinas ocurrencias y los súbitos deseos de los pequeños y les daría la alegría de complacerlos y participar en sus juegos con mucha más frecuencia; trataría de ser más sensible hacia ellos y sus necesidades para no lastimarlos y para mostrarles una mejor imagen de su Padre; procuraría no reprimir su curiosidad sino fomentarla y satisfacerla; trataría de refrenar la necesidad de decir "no" casi todo el tiempo y si pudiera tener cerca a sus abuelos, les permitiría disfrutarse mutuamente sin restricciones porque las oportunidades que ambos tienen hoy, no se repetirán, seguramente.

Noto además, que como muchas cosas en la vida, lo inmediato es pasajero, lo que hoy vemos como un gran problema, en pocos meses o años ya no lo será porque como decía, cada etapa de la vida de un niño dura poco y sería tan hermoso saber disfrutarlas y vivirlas con ellos!
El beneficio sería mutuo: ellos más felices y sus padres más plenos, menos estresados, más serenos, más sabios y tal vez ... más amados y mejor recordados.

jueves, 10 de junio de 2010

Gabriel

A menudo las circunstancias nos ponen en situaciones insospechadas, embarazosas a veces y no queda otra alternativa mejor que enfrentarlas con ánimo sereno.

Como maestra sé que en nuestro trabajo aprendemos tanto o más que los alumnos y son los diarios y pequeños incidentes los que más nos enseñan; las lecciones recibidas son de todo tipo: algunas conmovedoras, otras divertidas, las hay especialmente gratas y casi todas dignas de atesorar en el recuerdo.

Tuve una vez un pequeño alumno, cuando enseñaba en la escuela primaria. Lo recuerdo de unos 9 ó 10 años, era el mayor de tres hermanos y su padre los había abandonado a ellos y a su madre para irse con otra mujer y no sólo eso sino que se había instalado a vivir en una casa muy cercana de su esposa e hijos.

El niño sufría profundamente el hecho pero se comportaba, o quería comportarse, como el "hombre de la casa" ahora que su madre se había quedado sola.

Un lunes en la mañana, mientras revisaba los folders con los trabajos de los niños, noté que no estaba el de Gabriel. El era un niño brillante, con gran sentido del honor y muchas ganas de aprender; lo llamé a mi escritorio y le dije: "Gabriel, no encuentro tus trabajos, tal vez olvidaste dejar aquí el folder esta mañana al entrar al salón"... "Maestra, me dijo, lo que pasa es que... mi papá se fue anoche de la casa y..."

En este momento Gabriel, con la voz entrecortada me dio la espalda para secarse dos lágrimas valientes que traicionaban sus deseos de ser "un hombre fuerte" frente a las dolorosas circunstancias.

Me conmovió profundamente, quería levantarme y darle un abrazo, pero pronto se volvió y me dijo con entereza: "No volverá a pasar... se lo prometo, y ahora mismo me pongo al día."
"Está bien, Gabriel, no hay problema, confío en tí", le dije y el niño regresó a sus trabajos escolares.

Comprendí de pronto que lo que el niño necesitaba en ese momento no era compasión ni abrazos, sólo quería ser comprendido y respetado.

Educar a los niños requiere gran sensibilidad y tacto porque algunas veces, el amor que se desborda sin previsión ni inteligencia, hace más daño que bien; hay que entender que el dolor y el sufrimiento pueden proporcionar mucha fuerza al carácter en desarrollo.

No se debe ayudar al polluelo a romper el cascarón ni a la mariposa a salir de su capullo; al privarlos de ese esfuerzo, debilitamos sus facultades, ellos necesitan nuestro amor siempre pero hay que estar atentos a expresarlo de la manera adecuada según las circunstancias.

Experiencias de aprendizaje

Dicen los expertos en docencia que aprendemos verdaderamente cuando somos puestos en una situación de aprendizaje en la cual participamos de forma activa; en una de estas me encontré una vez, de la forma más insospechada y accidental.

Asistía a una reunión de capacitación con unos cincuenta compañeros docentes; fuimos organizados en grupos de trabajo y estos equipos a su vez fueron formados por medio de alguna de las "ingeniosas" maneras ya conocidas: "todos los que recibieron un triángulo rojo, trabajarán en la mesa número 5".

Así formé parte de un grupo de agradables maestros, todos con muy buena disposición para el trabajo; recuerdo vagamente que el tema a tratar era relacionado con asuntos éticos en nuestra profesión. Se determinó un tiempo para el trabajo y la discusión y al final cada grupo expondría las conclusiones a que habrían llegado.

La conversación en nuestro grupo se fue volviendo cada vez más animada con relatos y referencias de algunos hechos a todas luces cesurables desde la perspectiva ética.

Algunos relatos abundaron en precisiones como nombres, fechas, lugares y además se incriminaba en ellos a miembros del personal; se comentó con indignación que tales conductas por parte de profesores iban en contra de la filosofía y buen nombre de la institución.

Absortos en la animada conversación, ni siquiera sentimos pasar el tiempo asignado, muy pronto oímos a la persona encargada de moderar la reunión que anunciaba el inicio de las participaciones.

Yo estaba un poco preocupada con respecto a las conclusiones que presentaríamos ya que el tiempo se nos había ido escuchando los "jugosos chismes",o los hechos, no lo sé a ciencia cierta.

El primer grupo presentó interesantes conclusiones de su trabajo; cuando ellos terminaron, para sorpresa de nuestro grupo, que intentaba afanosamente organizarse para presentar algo, una de las compañeras, por su propia iniciativa, levantó la mano, pidió el micrófono, "y dijo así, con inspirado acento": "Aquí en nuestro grupo hemos discutido asuntos muy graves; algunos maestros han incurrido en actos penosos y reprobables....... " y continuó con los detalles escabrosos.

Nos quedamos como petrificados, deseando que nos tragara la tierra porque mientras tanto, todos tenían fijas sus miradas en nuestro grupo, sin perder palabra de nuestra decidida "representante".

Un sentimiento de vergüenza y confusión nos invadió a todos, pues nunca pensamos que los "interesantes asuntos" que se habían discutido en la intimidad del grupo pequeño, serían expuestos en pleno de la manera "franca y valiente" en que lo hacía nuestra compañera que ya invocaba a la "guerra santa" con tal de restituir la pureza y las buenas costumbres en la institución.

Pero ya estaba hecho y no había posibilidad de volver atrás. Creo que fue una lección bien aprendida; en fin, que era una reunión de maestros y de aprender se trataba.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Las emociones

Para fortuna de las actuales y nuevas generaciones, las emociones hoy en día están de moda. No era así en mis tiempos de infancia y juventud. A nosotros no se nos enseñaba a expresarlas; nuestros padres a su vez habían sido criados de manera muy rígida y estricta, y el hecho de sostener la mirada del padre o la madre durante un regaño, era considerado un franco desafío que tenía de seguro fuertes consecuencias.

Én nuestra cultura latinoamericana, el castigo físico no estaba censurado; hasta en las escuelas estaba no sólo permitido sino recomendado por padres y autoridades: "la letra con sangre entra" era el conocido refrán y se aplicaba sin miramientos ni distingos de ninguna clase.

Los padres amaban a sus hijos por supuesto, pero no les estaba permitido por los antiguos cánones expresar sus emociones ante ellos ni hacia ellos. Eran personas que respetábamos en primer lugar y que admirábamos por sus virtudes y su honradez a toda prueba.

Las cosas han cambiado y hay mucho de bueno en ello; ahora el expresar las emociones no es considerado patrimonio exclusivamente femenino, los padres dicen constantemente a sus hijos que los aman y enseñan a sus niños a hacer lo mismo; dan ejemplo haciéndolo con los demás miembros de la familia y con sus amigos también. Muy positivo. Somos seres emocionales, las emociones juegan un papel tan importante como el raciocinio y son una vía de expresión del pensamiento.


Recuerdo un pequeño de la escuela primaria, mi alumno de cuarto grado. Era cariñoso y amable, pero tenía bastantes problemas de conducta. Cada vez que los niños salían al patio de recreo para jugar, yo me preparaba para recibir un torrente de quejas que los compañeros de Fernando me traían, desfilando uno tras otro por cerca de 40 minutos, quejándose de las palabras ofensivas y las expresiones soeces que con que él los agredía constantemente.

Ya había intentado algunas estrategias para intentar resolver el problema: había hablado con el niño varias veces y se mostraba apenado y dispuesto a hacer lo que yo le proponía para tratar de mejorar su conducta, pero nada parecía dar resultado; las quejas diarias y constantes de los demás niños, estaban haciendo la situación insostenible.

Un día lo llamé aparte para hablar con él cuando los demás se habían ido; le dije: "¿Qué vamos a hacer Fernando, parece que nada funciona y tus compañeros no soportan tu maltrato?, "Qué vamos a hacer?" Sin pensarlo no intentar evitarlo en ese momento, me puse a llorar y abracé al chico. Esto pareció causar en él un fuerte impacto, me miró muy sorprendido y con los ojos llenos de lágrimas me dijo:" Maestra, le prometo que voy a cambiar".

Mis lágrimas le transmitieron a este niño mi profundo interés por él y especialmente mi cariño incondicional; creo que esto lo comprometió conmigo y en verdad el cambio de conducta fue notable y sus compañeros empezaron a aceptarlo mejor, como compañero y amigo.

¿Pude haber ocultado o "manejado" mejor mis emociones? Posiblemente, pero vi el resultado positivo de expresarlas, de compartirlas con otra persona que estaba necesitada de interés, aceptación y amor. Estoy segura de que da grandes resultados "ligar a los hijos, y a los alumnos, al corazón" como dice una conocida autora; las emociones pueden ser para esto
grandes aliadas.

Por supuesto que además de expresar las emociones que sentimos, debemos enseñar a los niños a entenderlas, porque entendiéndolas pueden llegar a estar en control de las mismas y de sus vidas. Dominio propio, es como podríamos llamar el tener las emociones bajo control, enseñando a los niños que el manejo correcto de las emociones redundará en su propio beneficio y en el de los que les rodean. En otras palabras, conectar las emociones con el raciocinio es importante para desarrollar caracteres sanos.


martes, 4 de mayo de 2010

Mujeres

La ciudad de San Salvador fue mi primera residencia en Centroamérica. Me sorprendieron allí muchas cosas; todo era nuevo para mí y cuando uno está lejos de su casa, su país, su familia, se vuelve un observador agudo con el fin de conocer y adaptarse lo más pronto posible.

Como todos los mercados de América Latina, el de San Salvador tenía una sorprendente variedad de cosas para comprar: verduras, frutas, pan, dulces, quesos, carnes de toda clase, pescados y mariscos, ropa, jaulas para pájaros, canastas de mimbre, banquitos en diferentes colores y tamaños, especias según las costumbres y preferencias culinarias del país, utensilios de cocina tallados en madera, hechos de metal, en una variedad inmensa, vasijas de barro de colores brillantes, pintadas, en crudo, juguetes fabricados en el país (antes de la"invasión china"), anafres, carbón, leña, flores y coronas de papel y de otros elementos en gran variedad de formas y colores e infinitamente mucho más, todo ello bien organizado en un edificio grande y acogedor con secciones que clasificaban los productos y establecían el orden en aquel maremágnum.

El bullicio y la actividad hacían pensar en un panal de abejas o en un hormiguero, porque otro hecho que me sorprendió fueron las inmensas multitudes que llenaban las calles en esta ciudad, como no lo había visto antes en ningun lugar de mi país.

Pero lo más sorprendente para mí fue encontrar que todos los puestos, sin excepción, estaban a cargo de las mujeres, ellas eran las dueñas, las que administraban y dirigían el negocio, las que movían el comercio en esa ciudad; mujeres jóvenes, de mediana edad y de la tercera edad también. Me sorprendió porque yo venía de un país donde, en aquellos años, las mujeres se quedaban en casa cuidando de los niños y la familia mientras el marido salía en busca del sustento diario.

Ellas se movían en el ambiente con la seguridad y la confianza de personas con gran experiencia, con habilidades quizás heredadas de generaciones pasadas; él mismo fenómeno lo observé en los demás mercados a todo lo largo y ancho del pequeño país superpoblado. Los pocos hombres que participaban en la actividad, cargaban bultos y arrastraban carritos de ruedas llevando a los diferentes locales mercancía de mayor tamaño; la "fuerza bruta". Perdón por la ironía, aprecio mucho el aporte de los hombres valiosos que viven y trabajan por sus familias.

Mi pregunta era: ¿Dónde están los hombres? Poco a poco fui descubriendo una sórdida realidad detrás del hecho tan positivo de ver a tantas mujeres aportando con su talento y actividad a la economía del país, a medida que observaba otro sorprente hecho; mujeres mayores, de 50 y de 60 años, casadas con hombres de 20 años y hasta menos. ¿por qué? la respuesta se fue haciendo evidente a medida que los conocía y me relacionaba con este pueblo. Era común que los hombres buscaran una mujer establecida, con un buen negocio, grande o pequeño, lo suficiente como para que ellos pudieran dedicarse a su deporte favorito: mujeres más jóvenes, ocio y licor; y así vivían a expensas de ellas si era posible hasta arruinarles sus prósperos negocios.

El hecho no era asunto que sorprendiera a nadie, pero para mí era nuevo; muy recién llegada conocí una dama agradable que trabajaba en la librería; una tarde la encontré cargando a un bebé de unos 8 meses, me pareció con toda seguridad que ella debía ser la abuela del niño, dado su aspecto. Después de saludarla, le dije inocente: "¡qué hermoso su nietecito!""no es mi nieto... es mi hijo". Me disculpé lo mejor que pude sonrojada por mi imprudencia, pero mayor fue mi sorpresa cuando el esposo llegó y ella me lo presentó orgullosa. Era un joven que no tendría más de 25 años.

Volvamos al mercado. ¿Dónde estaban los niños de aquellas mujeres que trabajaban sin descanso? Allí con ellas, en el trabajo; posiblemente los mayorcitos estaban en la escuela, pero los bebés estaban con ellas, en pequeños cochecitos, en improvisadas cunas en cajas vacías de frutas o vegetales. El sacrificio de estas mujeres era enorme; hacían todo esto simultáneamente en más de doce horas de trabajo al día. Fue también el lugar donde se veía, el mayor índice de alcoholimo; los alcóholicos llenaban las calles y dormían en ellas cuando ya ni recordaban dónde vivían.

¿Qué hacía que estas valientes mujeres asumieran solas la enorme tarea de sostener la economía familiar y además permitir que los hombres permanecieran como parásitos a su lado? Es difícil encontrar una respuesta aceptable, me gustaría pensar que la situación ha cambiado en ese país. Por supuesto que conocí hombres buenos que trabajaban duro cada día por el sustento de sus familias, pero no era la imagen que proyectaban las inmensas multitudes donde se vivía la odiosa explotación de las mujeres sin apreciar siquiera lo mucho que ellas aportaban a la economía del país.

Tal vez una infame tradición de machismo, muchas veces transmitido por la madre, que evita que los varones participen en las actividades domésticas y en cambio cría a las niñas en el entendido de que nacieron para servir a los hombres. Podría ser una explicación; no es mi intención hacer el análisis antropológico de un pueblo que conocí hace tantos años y que no he vuelto a visitar. Sólo quiero registrar un recuerdo; a veces debe uno obligarse a recordar, por todo lo que puede ayudarnos a vivir, un pasado del que tuvimos que haber aprendido mucho.

"Ordenadora pasas vibrando como abeja
tocando las regiones perdidas por la sombra
conquistando la luz con tu blanca energía.

y se construye entonces la claridad de nuevo:
obedecen las cosas al viento de la vida
y el orden establece su pan y su paloma." P.N


viernes, 30 de abril de 2010

Niños del siglo XXI

Siempre se ha dicho que cada nueva generación es diferente de la anterior; los sociólogos las representan dándoles curiosos nombres: los baby boomers, generación X, y los expertos las caracterizan de manera muy precisa; el actual desafío son los niños del Tercer Milenio.

Los tiempos que vivimos, altamente tecnificados, con sofisticados sistemas de comunicación que además están al alcance de una gran mayoría, especialmente en los países desarrollados y también en vías de desarrollo, crea una especie de sobreestimulación que tiene un efecto muy evidente en los niños del nuevo milenio.

Todo esto me hace pensar en el gran reto planteado a los padres y maestros de esta nueva generación de niños. Tíenen la necesidad de mantenerse informados y actualizados acerca de nuevos paradigmas y tendencias educativas, y ser muy reflexivos con respecto a lo que creen y a lo que saben para examinarlo constantemente y replantearlo con una mente crítica y abierta.

Yo me sorprendo cuando veo a pequeñitos de sólo dos años manipulando con toda naturalidad y éxito un "ipod", no sólo poniéndolo a funcionar sino también buscando juegos, fotografías familiares y ejecutando una llamada. Absolutamente asombroso para mí, de muchas generaciones atrás y por demás torpe para descifrar toda la veretiginosa producción de facilidades y novedades tecnológicas que surgen con sorprendente rapidez.

Y sigo sorprendida, con la boca abierta, viendo en un noticiero sobre tecnología a un periodista que hace una entrevista a un jovencito de sólo 13 años que produce aplicaciones para el "ipad" otro milagro de la tecnología que nos hace temer a los amantes del papel que un día no lejano el libro como lo conocemos y amamos, desaparezca. Pues bien, el jovencito en cuestión le vende sus aplicaciones a nada menos que Apple, y hace más dinero que sus padres con ello.

Son solamente algunas reflexiones sobre lo serio y grave que puede ser la responsabilidad de criar y educar niños en estos tiempos. Estuve leyendo sobre investigaciones que revelan lo precoces que pueden ser estos niños debido sin duda a que reciben constante y abundante estímulo como ya mencionábamos. Antropólogos y psicólogos recomiendan la búsqueda de nuevos paradigmas porque estos niños requieren también de nuevas formas para educarlos.

Los investigadores y especialistas dicen que los niños del tercer milenio son más precoces y maduros; que si se les permite, pueden ser muy autónomos desde muy pequeños, con una inteligencia emocional supradesarrollada.

Se dice que estos niños pueden ser sumamente sensibles, con inteligencia emocional muy
desarrollada, capacidad de asimilación y entendimiento muy rápidos, gran sensibilidad hacia las artes y que así mismo deben ser cultivados en ellos todos los tipos de inteligencia que se conocen hasta ahora. Psicólogos y pediatras aseguran observar en estos niños características de desarrollo varios años más avanzados que la edad que representan.

Por lo que veo sigue vigente la necesidad de ofrecer una educación integral que desarrolle los apectos físicos, mentales, emocionales y espirituales. Esto requiere de padres verdaderamente sensibles a las necesidades de sus niños, dispuestos a dedicarle tiempo a su educación y a su desarrollo con verdadera apertura de mente y de corazón.

Creo que en estos tiempos el hecho de que un padre de familia no tenga ninguna relación profesional con la educación, no le excusa de la necesidad de estar atento, informarse, leer y preguntar en las escuelas acerca del conocimiento que los maestros tienen acerca de estas cosas.

Ayudar a los niños a crecer en contacto con la naturaleza, procurar que su niñez discurra de la forma más natural posible, fortalecer constantemente su autoestima, conferirles responsabilidades, enseñarles a ser útiles combinando la actividad práctica con las que contribuyen a su desarrollo cognitivo, ponerles en contacto con las actividades humanas hermosas y creativas, enseñarles a amar a otros y a ser sensibles a sus necesidades, ayudarles a formar conciencia de la condición de nuestro mundo como la casa que habitamos y crear conciencia ecológica en ellos, mientras ocupamos como padres, maestros y adultos el papel de modelos que brindan ejemplos que les animen a ser buenos ciudadanos y mejores seres humanos.

Todo lo que constituye educación y desarrollo integral es importante, siempre lo ha sido, y si hoy hay más conciencia de ello, pues enhorabuena, sin olvidar que parte de ese desarrollo es el aspecto espiritual. Un niño necesita creer, necesita una fe a que aferrarse, y si sus padres pueden darle esto como un valioso legado, él niño posee una herramienta con la cual hacerle frente a sus miedos, frustraciones, desilusiones, fracasos y todo aquello que los adultos sabemos que es parte de la vida. No podemos sustraerlos de los episodios dolorosos del camino, lo que me parece realmente importante es que les enseñemos como superarlos, como convertirse en un ser humano bueno y noble. El desarrollo espiritual es de vital importancia para el desarrollo de un carácter equilibrado y su escenario principal es el hogar.

Tal vez nunca antes fue tan necesario buscar sabiduría y dirección de lo Alto. ¡Dios ayude a estos padres privilegiados del Tercer Milenio!





miércoles, 14 de abril de 2010

Personajes 2

Le llamé pomposamente "mi secretario particular". No es que tuviera o hubiera tenido alguna vez un contrato para trabajar conmigo o con los miembros de mi familia. Ni siquiera recuerdo con claridad la forma como lo conocimos, pero se convirtió en un personaje muy conocido y a veces hasta cercano.

Era fácil localizarlo, porque siempre venía al campus universitario en busca de trabajo, y solía mantenerse ocupado lavando carros, limpiando jardines, haciendo mandados, en fin, era lo que se llama un "experto en todo".

Me simpatizaba porque nunca pedía que le regalaran dinero, simplemente pedía trabajo, y no es que fuera un perfeccionista, más bien todo lo contrario, pero el tipo era bastante simpático y sin pretensiones.

Nunca confesaba desconocer algún oficio, como un día en que le pregunté si sabía limpiar chimeneas, y me contestó que sí desviando rápidamente la mirada para evitar cualquier inoportuna vacilación. Ingenuamente le pedí entonces que procediera con la limpieza.

Como única herramienta me pidió una escoba; pero el pedido me hizo sospechar que no era un "profesional" en el ramo. Al entregarle la escoba le pregunté. "José, ¿cuántas chimeneas ha limpiado?" "Esta es la primera" me contestó con toda sinceridad y sin distraerse de la labor.

Más frecuente era que le pidiera limpiar el patio, cortar la grama, recoger las hojas, etc, a todo lo cual accedía sin demora. Creo que el trabajo que más le gustaba hacer era el de lavar el carro, si no se lo pedíamos, él mismo venía a preguntar.

Era un personaje sencillo, un hombre de pueblo, humilde y sin letras, pero armado con toda la picardía y malicia de la raza; cuando sucedió la caída de las torres en Nueva York, le pregunté si no le preocupaba el hecho de que hubieran cerrado la frontera y no se podía entrar a Estados Unidos y recurriendo a la lógica más elemental, me comentó: "Pos si, será un problema, pero pos el río no lo van a poder cerrar". Su experiencia de turista "mojado" lo delataba.

Venía cumplidamente más o menos cada quince días para solicitar la limpieza del patio y cortar la grama; unos vecinos bondadosos, que también le daban trabajo, le prestaban además una vieja cortadora de césped manual, con la cual José pretendía ganarse algunos pesos para sobrevivir el día y con ésta venía a trabajar en mi patio.

Como ya mencioné, la calidad de su trabajo no era lo que pudiéramos llamar medianamente bueno y se pueden imaginar el duro trato que le daba a la cortadora de césped que además era prestada. Como era de esperarse, un día al pasarla encendida sobre un borde de cemento, la máquina, entre estertores y llamaradas, dejó de funcionar.

Como siempre sucede, mientras que algunos podían simpatizar con nuestro personaje por simpático e "ingenioso", a pesar del pobre desempeño, había quienes no lo querían por las mismas razones.

Al ver dañada una de sus principales fuentes de ingresos, se dirigió con toda decisión hacia la casa de otra familia, que como ya él había observado, poseía una flamante podadora nueva, grande, con varias velocidades, bien equipada y ya que él la necesitaba, supuso que sólo sería cuestión de pedirla para trabajar en mi patio.

Como José vino a decirme que no podía terminar su tarea porque la máquina se había dañado, no supe yo de las diligencias que realizaría, aunque sí me había sugerido la ya mencionada solución, pero yo me negué rotundamente a que lo hiciera.

Como ilustre representante de su raza, José mentía con descaro; después de mi negativa de pedir prestada otra máquina, se fue directamente a la casa de los vecinos y le pidió olímpicamente a la señora que le prestara la máquina, a lo que por supuesto ella se negó y José se fue tranquilamente a su casa.

Lo supe porque la misma vecina me lo contó una mañana y me dijo tener mucha pena conmigo por no haber prestado su máquina explicando a su vez que no lo había hecho porque conocía lo descuidado e irresponsable que era José. Más avergonzada me sentí yo porque no sabía exactamente en nombre de quién el susodicho había hecho el pedido, y me deshice en explicaciones también tratando de convencer a la señora de que yo no había tenido nada que ver con el atrevimiento de José.

Cuando volví a ver a mi "secretario", estaba yo algo disgustada con él por el incidente de la máquina y le pregunté sobre el asunto, pero sin inmutarse un ápice me dijo "¿cuál?, noooo, yo no he ido a pedir nada, no conozco a nadie en esa casa...

Dirán ustedes qué clase de personajes son los que colecciono en mi memoria, pero a mí estos curiosos individuos me resultan encantadores, me parecen sobrevivientes de la vida, una vida por demás dura y difícil.

Osadía

Hay un pequeño patiecito de cemento junto a la puerta de mi cocina y después de éste, un amplio jardín muy verde.

Como muchas cosas aquí, cada cosa debe estar en el debido y estratégico lugar, lo cual hace que todo se vea muy bonito y cuidadosamente planeado. Los árboles grandes, uno a la izquierda y otro a la derecha del terreno, los arbustos, ubicados cerca de los límites de la propiedad y en el centro un lugar para las plantas de flores y hermosas hojas. También una "casita" alta para poner alimento a los pájaros.

He puesto semillas para ellos en este lugar, muchos pájaros llegan especialmente en el crudo invierno, pero cuando la nieve se va y llega la primavera, a mí me gusta derramar las semillas en el pequeño patiecito de cemento, eso hace que los pajaritos vengan muy cerca y yo me deleite contemplándolos.

Estoy rompiendo las reglas, lo sé, ¿pero qué importa? me pongo a pensar que en la naturaleza todo convive maravillosamente como en el aparente caos del bosque o de la selva, allí no se ve ese cuidadoso planeamiento que limita y ubica cada árbol, cada planta, grande, mediana y pequeña; es el ser humano que parece tener la necesidad apremiante de establecer un orden que le permita sentirse en control de la situación. Supongo que no hay nada malo en esto, es la pequeñez del ser que no puede con la grandeza que no es capaz de abarcar.

Mis pequeños visitantes, vienen tímidos, inseguros, en estado de total alerta, como si supieran (seguramente saben) que es peligroso acercarse mucho a los humanos.

Algunos son muy hermosos como los cardenales rojos y los azules, otros tienen plumajes de colores menos brillantes; unos son grandes y otros son muy pequeñitos, diminutos; he observado que los grandes son más nerviosos y están más tensos que los pequeñitos, al menor movimiento que observan a traves de la puerta de vidrio, vuelan a los árboles cercanos, en cambio los pequeñitos se quedan comiendo las semillas, siempre en actitud de alerta, pero más confiados.

También como entre los humanos, los pájaros luchan por la supremacía, he visto venir a algunos más grandes y más fuertes, forzar a los pequeños a levantar el vuelo mientras ellos se quedan con toda la comida; pero también los pequeñitos se pelean y tratan de evitar con fuertes aleteos amenazantes que otros sigan llegando.

Algunas veces un visitante inusitado hace presencia; un ardillita, sólo una; aparece y todos los pájaros vuelan en desbandada; ella no tiene que pelearle a nadie el espacio ni la comida, su sola presencia hace todo el trabajo.

De todo este maravilloso espectáculo me perdería si no tuviera la pequeña osadía de alterar
el orden y derramar las semillas en el lugar menos indicado, pero vale la pena!!!!

"Porque no engraso los ejes, me llaman "abandonao"
si a mí me gusta que suenen, pa que los quiero engrasaos...." A. Y

jueves, 25 de marzo de 2010

Inventario de cosas perdidas

El camino recorrido parece largo, mirar atrás hace ver las cosas irreales a través del tiempo, pero en realidad, el camino de la vida es corto, muy breve, "como la flor de la hierba", como la sombra de una nube pasajera, como el viaje de una estrella fugaz.

Uno va atesorando cosas y recuerdos a lo largo del camino; como yo he tenido que realizar muchas mudanzas, todas ellas involuntarias, he tenido que ir deshaciéndome de muchas;
el tener que desprenderme de mis cosas por causa de tantos traslados, me ha hecho pensar que no se necesitan tantas para vivir, es mas, entre menos se tengan, mejor... habrá menos nostalgia y más fácil olvido...

¿Qué fue de las cosas que poblaron las casas que habitamos, a dónde fueron a parar sus tesoros?
¿Dónde está el piano blanco en el que dos niñas practicaban sus lecciones?
¿En dónde una pintura con una luna clara que alguna vez adornó mis paredes?
¿Y el niño y las dos chicas de la fotografía?
¿A dónde fueron a parar los libros que acompañaron mis insomnios y mi soledad? sus nombres se pierden en los laberintos de la memoria, hemos dejado muchos esparcidos a lo largo del camino; me consuela el hecho de haberlos leído, mejor que acumulado.

¿Qué fue de las aulas felices pobladas de niños? ¿Qué fue de aquellos niños? Sus caritas casi se han borrado como formas definidas y con identidad, pero el recuerdo de que formaron parte de mi pasado persiste en mi memoria.

¿Cómo será ahora aquél pueblecito de montaña con aquella casa cuya puerta se abría a un patio con árboles perfumados de arrayán y azahares, con amplios corredores con macetas y flores?

¿Qué habrá sido de los ancianos sentados en las bancas de aquel parque de barrio?
¿Y aquella viejita amorosa y solidaria que compartió conmigo deliciosos bocados de sus recetas mágicas?
¿Y aquella joven madre y sus tres niños? ¿y la vecina inolvidable que me abrió las puertas de su corazón y de su casa?
¿Qué será de aquella calle de amable vecindario con sus niños bulliciosos, con los ancianos que contaban la historia y los relatos?
No escucho las campanas de las torres lejanas, ¿habrán cortado la ceiba de la entrada?,¿florecerá todavía el guayacán en sus jardines?
¿Y el vestido de color verde esmeralda que lucía una niña los domingos?
El hombre joven y la mujer bonita de ojos claros, aún caminan juntos?
El limonero de generosos frutos con sus flores diminutas, milagro de blancura y de belleza, ¿estará en pie todavía?
La miel clara de azahares, ¿se seguirá vendiendo en aquella misma esquina?

"...desandar los caminos y llegar al puerto sorprendido del retorno..." J de I.