Poco después de salir de Madrid, el paisaje algo escarpado de áridas colinas se extiende por algunas horas después de las cuales se llega a unas inmensas planicies que se extienden hasta el horizonte a un lado y otro de la autopista. Estas enormes llanuras están sembradas en algunos tramos con algo de verdor y olivares.
De pronto aparece un gran letrero que dice :¨La Mancha¨... entonces, todo se vuelve mágico, desaparece la monotonía, vienen a mi mente los imprescindibles don Quijote, el ingenioso hidalgo, y su ocurrente y fiel escudero, Sancho Panza. Más adelante aparecen los ilustres caminantes a lo lejos en una escultura, y parece como si aún recorrieran los viejos caminos.
Es emocionante, vienen a mi mente las palabras... ¨En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme¨... El sentimiento es de inmensa ternura hacia estos entrañables personajes que entretuvieron mis horas en la infancia y en la juventud, porque los leí primero en fragmentos que aparecían en los libros escolares de lectura, y años después la obra completa.
En algún lugar del camino vi un letrero que ofrecía guía para recorrer algunas de las rutas de los famosos don Quijote y su escudero; se observan pequeñas casas vetustas, algunas grandes, en las que imaginaba las posadas en las que el valiente soñador tuvo tan señalados y temibles encuentros.
Más adelante, un restaurante se anunciaba con otro nombre ilustre: Dulcinea, la hermosa dama del ¨desfacedor de entuertos¨ , y ¡Oh maravilla! a lo lejos divisamos tres maravillosos molinos de viento, tal como los recordaba en las ilustraciones de los libros que poblaron mi infancia, con sus aspas inmóviles como esperando el viento o el ataque del arrojado caballero de la ¨triste figura¨. Estaban en lo alto de una pequeña colina, los miré perderse a lo lejos con los ojos llenos de lágrimas; me conmovieron profundamente.
Cuando regresábamos por el mismo camino, volvimos a verlos y volví a emocionarme como la vez anterior. ¡Dios mío, es un maravilloso regalo! Nunca pensé ver estos lugares tan desconocidos y lejanos pero tan amados como un acariciado y secreto sueño guardado mucho tiempo en los recónditos e íntimos espacios del corazón.
Y el paso por la Mancha fue sólo una sorpresa del camino, ignorábamos que pasaríamos por ella y aunque fue nada más que un vistazo a lado y lado de la autopista, la siento como una visita muy grata porque lo que vi y los sentimientos que despertó me transportaron a tiempos lejanos y me conmovieron hondamente, fue como haber visitado a unos viejos y queridos amigos.

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